miércoles, 17 de febrero de 2010

El joven monarca

Como continuación de lo leido y precedente de la páigina que sigue debo encaminar mi estrella al territorio amoroso.
    Patria limitada por los largos brazos cálidos, de larga pasión paralela, y un sitio de oros defendidos por sistema y matematicas ciencia guerrera. Si, quiero casarme con la mas bella de Mandalay, quiero encomendar mi envoltura terrestre a ese ruido de la mujer cocinando, a ese aleteo de falda y pie desnudo que se mueven y mezclan como viento y hojas.
    Amor de niña de pie pequeño y gran cigarro, flores de ambar en el puro y cilindrico peinado, y de andar en peligro, como un lirio de pesada cabeza, de gruesa consistencia.
    Y mi esposa a mi orilla, al lado de mi rumor tan venido de lejos, mi esposa birmana, hija del rey.
    Su enrollado cabello negro entonces beso, y su pie dulce y perpetuo: y acercada ya la noche, desencadenado su molino, escucho a mi tigre y lloro a mi ausente.


                                                                 Residencia en la tierra
                                                                       Don Pablo Neruda

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